domingo, 15 de septiembre de 2013

Un invierno en Wellington

Windy Wellington
Había una vez una ciudad, ubicada bien al sur de una isla, que lejos de ser olvidada se jacta de ser la capital más ventosa del mundo.
Una ciudad donde la gente es amable, se detiene a charlar, es curiosa, se preocupa por uno, y siempre tiene algo que contar.
Una ciudad que aloja a una gran diversidad de culturas.
Una ciudad donde la mitad del año los vientos superan los 70km por hora.
Una ciudad que se apoya sobre un sistema de fallas tectónicas que desembocan en terremotos.
Una ciudad donde se contabiliza la mayor cantidad de tazas de café vendidas per cápita en el mundo.
Una ciudad que se apoya sobre un sistema de fallas tectónicas que desembocan en terremotos.
Una ciudad que se llena de vida, tanto de día como de noche.
Una ciudad pintoresca, limpia, ordenada y a pesar de ser la capital de un país, es tranquila.
Una ciudad que tiene algo guardado para cada uno de los que realmente quieren que esa ciudad sea su hogar.

Y un buen día decidí irme a vivir a esa ciudad.
Esa ciudad se llama Wellington, y te cuento como fue mi experiencia En Una Mochila.



Terminada la temporada de Kiwis, decidí venir hasta esta ciudad en busca de conocer el estilo de vida neocelandes.
Luego de viajar junto a Martina, Mariana, El Chiki, Noel y Lautaro en el gran viaje que redactamos anteriormente llegamos a la capital.
La capital más ventosa del mundo nos recibió con el peor temporal desde los años 60.
Fue decirle hola al invierno, al frío, al viento, a la lluvia.
Hola a estar desempleado de vuelta,
Hola a familiarizarse con las calles.
Hola a hacer nuevos amigos.
Hola a empezar de nuevo.

Temporal en Wellington. Buen comienzo.

Wellywood es considerada tambien como una gran ciudad de cineastas.


El Mt Victoria señala hacia donde queda el Polo Sur


No tenía nada. Solo mis dos manos para trabajar y muchas ganas de quedarme acá.
Comencé quedandome en un hostal "Lodge in The City" por la primera semana, no soy muy exigente en cuanto a donde dormir, y el precio era bueno entonces allí comencé para luego mudarme al "St George Hostel".
Esa primera semana comencé mi búsqueda laboral; Wellington tiene un amplio mercado de hospitalidad entonces aplicaciones fueron enviadas a todos los restaurantes, bares y cafés del pleno centro.
Días caminando bajo la lluviosa ciudad entregando currículum. Esa primera semana mucho no aconteció.


Siempre que llovió, paró.

Waterfront de Wellington

New World Metro 
Luego me mudé al St George Hotel y a partir de allí la suerte empezó a cambiar:
Durante mi primera semana en St George tuve 3 ofertas de empleo; trabajé un día en la construcción de forma casual haciendo trabajo no muy pesado.
Luego fui a una desastrosa experiencia de trabajo como vendedor puerta a puerta. No me sentí muy cómodo porque va contra mis principios ese modo de venta.
Y luego y por último tuve mi ingreso en el mercado laboral como trabajador en un supermercado.



El New World es una cadena de supermercados de Nueva Zelanda que se extiende en todo el país y me había contratado como Asistente en el Delicatessen (Rotisería en criollo).
Yo, sin experiencia en la cocina, pero con buenas manos para el arte culinario, me metí casi de prepo a cocinar pollos, frituras, entre otras cosas no muy sanas.
No solo eso, sino también la atención al cliente y vender esa comida a los clientes.
Estamos ubicados en pleno centro de oficinas, por lo que durante la semana tenemos clientela numerosa y regular entonces los clientes ya son amigos a esta altura del partido.
Mi trabajo es Full time, es decir, de 9 horas diarias y aunque no lo crean, he conseguido tener los fines de semana libres.
Debo admitir que fue una experiencia muy grata, la sensación de que estaba haciendo algo que me gusta y aparte divirtiéndome.
Un trabajo donde la gente es muy buena onda, aprendí muchísimo y me duele dejar el trabajo.
Ya desde que avisé que me iba, me dicen que me van a extrañar.

Exhibiendo las delicias del Deli

Mr Chicken en acción

Trabajamos y nos divertimos!

Durante los fines de semana, trataba de recorrer la ciudad y conocer los alrededores.
Habrán visto el post sobre el Carnaval de Petone y sobre el Día del Amigo en la Embajada Argentina.
También asistí al evento máximo del rugby internacional, entre All Blacks y Wallabies entre otras experiencias.

Pero, como yo jugaba al fútbol en Bay of Plenty, decidí tratar de conseguir un equipo aquí en Wellington. Y lo conseguí.
El North Wellington se interesó en sumar a un arquero a su club y conocí muy buena gente, un club humilde, con mucho compromiso y con ganas de divertirse y superarse cada día.
Los sábados se los dedicaba a jugar al fútbol y me gustó mucho mi experiencia con este club; todavía recuerdo mi primer partido: cometí un penal y casi me expulsan, pero luego llego la redención atajando el penal. Qué manera de empezar!
El refuerzo del North Wellington





La realidad es que estadísticamente perdimos más partidos de los que ganamos, pero en este club no importaba ser ganadores, sino ser luchadores.
El club peleaba el descenso y hasta la última fecha fue un rival duro de vencer.
Me llevo gratos recuerdos de esta experiencia; en especial mi mejor marca personal de 3 penales atajados sobre 3 penales recibidos. Tambíen tuve que pagar 25 dólares en concepto de multa por recibir una tarjeta amarilla el día del debut.

Y mi último punto de rescate en Wellington fueron las amistades. En El St George se vive como una gran familia. Uno llega a la cocina y ve las mismas caras todos los días y va charlando y se va haciendo familiar.
Y la verdad es que me sentí muy a gusto, conocí gente increible, de todos los paises del mundo y aprendimos a cocinar y a hablar otros idiomas. Agradezco haber elegido este lugar para quedarme para mi estadía en Wellingnton.
Hasta decidimos dar una cena despedida junto a Jose de Canarias, invitando a todos a sumarse a una cena que haríamos nosotros, cocinando unas pastas para todos los gustos.
Todos estuvieron presentes y pasamos una noche genial.

Con Jose de Canarias, preparando la comilona.

Cena 

Cena

Gran foto grupal

Qué increíble pensar que de no tener nada, pasé a tener todas estas historias para contarte.
La realidad es que no puedo transcribir exactamente lo que siento con respecto a esta ciudad, pero es una ciudad donde todos mis objetivos se cumplieron y de sobremanera.
Podría hasta animarme a decir que es una ciudad donde tuve la mejor suerte de todas.
Pero al final la suerte no es más que creer que uno tiene suerte. Y tener un poco de fé en uno.

Yo sólo se que traje mis manos y mis manos me dieron de comer. Me dieron trabajo, me dieron deporte y me cumplieron un objetivo.




Éste fue mi paso por la ciudad. La ciudad que fue mi casa.
Estoy eternamente agradecido a todos los que fueron parte de esta etapa.

                                                        Hasta siempre Wellington!

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